Bostezos, pereza, música ligera de algunos auriculares próximos, el anuncio de la siguiente parada, que la persona que tengamos al lado pase la página de su última lectura o del periódico de la mañana... Así suena un madrugón en el transporte público. Volvamos a empezar: obviemos el sonido que produce el "pasar página". Se acabaron los codazos al compañero o compañera de viaje y el inmiscuirnos en su última adquisición literaria. El e-book, así es como se denomina al nuevo libro digital, nos propone la recopilación de los títulos más novedosos, de los que simplemente colocaríamos en nuestra estantería o de los periódicos del día. La revolución tecnológica se reinventa cada año gracias a las campañas publicitarias. Mientras las grandes superficies preparan las ofertas navideñas y auguran un futuro prometedor al novedoso libro digital, las editoriales tiemblan y analizan alternativas a este dispositivo. Como en todas las ocasiones en que la tecnología ha desbaratado el mercado y ha transtornado a las más acomodadas empresas del sector audiovisual, debe producirse una adaptación a las circunstancias y una reorientación de la oferta de productos. Siempre existirán fieles seguidores del disco de vinilo, también del carrete fotográfico... siempre coleccionaremos grandes y pesadas obras en nuestras bibliotecas. Pero no podemos dejar de lado el ahorro de espacio, poder evitar el gasto de papel mientras lo podamos sustuir por páginas digitales o que resulte mucho más económico y podamos encontrar lo que buscamos desde nuestro propio ordenador personal.

Todavía queda mucho camino por explorar, pues como en todos los procesos de esta índole, siempre existe una fase preliminar donde la costumbre pugna con la moda, la comodidad y la novedad. El e-book se lee en blanco y negro y no se ha desarrollado un modelo homogéneo en cuestión de gadgets o prestaciones. La industria literaria da la bienvenida a todo tipo de innovación por el momento. Es necesario toparse y poner en marcha cuanto antes con un modelo de negocio rentable y que satisfaga al consumidor, para poder pasar página e incorporar la tinta electrónica en nuestras vidas. No dramaticemos y derramemos lágrimas de tinta negra... ya sabíamos que el cambio era inherente al significado de ‘futuro'.

Y la última. Como el e-book gane la batalla... ¿qué será de la emoción de las firmas de libros?